Neutralidad de red: ¿Qué es y qué consecuencias trae su eliminación en EEUU?

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Neutralidad de red: ¿Qué es y qué consecuencias trae su eliminación en EEUU?

La neutralidad en la red es un concepto que va de la mano de Internet desde su nacimiento y que, sin embargo, era un completo desconocido para la mayoría hasta que, hace unas semanas, se inició en Estados Unidos una importante campaña en su defensa (y explicación).

El motivo: la posibilidad –hoy en día convertida en hecho- de que el Gobierno de Donald Trump impulsara medidas para acabar con ella. ¿Qué implicaciones tiene esta decisión? ¿Por qué es tan importante la neutralidad de red y cómo puede ser el mundo sin ella? ¿Supone realmente la desaparición de Internet tal y como lo conocemos? ¿Cómo afectará a nuestra forma de navegar y de acceder a contenidos? ¿Y a los pequeños y grandes negocios que aparecen el la web?

¿Qué es la neutralidad de red?

La neutralidad de red ha acompañado a Internet desde su creación y se basa en la idea de que todos los usuarios y plataformas sean iguales, de forma que ningún proveedor o compañía de telecomunicaciones puede dar mayor prioridad a un servicio que a otro: cualquier byte vale lo mismo que otro, se use para lo que se use, y lo use quien lo use.

Más técnicamente, se trata del principio por el que los proveedores de servicios de Internet y los gobiernos que la regulan deben tratar a todo tráfico de datos que transita por la red de igual forma, sin cobrar a los usuarios una tarifa dependiendo del contenido, página web, plataforma o aplicación a la que accedan. Tampoco según el tipo de equipamiento, dispositivo o método de comunicación que utilizan para el acceso. Por eso las tarifas de Internet normalmente incluyen un número de megabytes que podemos usar a nuestro antojo, aunque, como veremos, existen fórmulas intermedias.

Por este principio, los operadores de telecomunicaciones y los proveedores de acceso a Internet no pueden favorecer a un proveedor de contenidos sobre otro, ni imponer a los proveedores y plataformas de contenidos precios adicionales por enviar información a través de sus redes a los internautas finales.

La neutralidad de red en el mundo

Los defensores de la neutralidad de red hablan de un «Internet libre», donde el tratamiento igual de los datos y la apertura de los estándares web permite utilizar Internet de manera más fácil para comunicarse, realizar negocios y actividades sin la intervención de un tercero. Para ellos, el objetivo es asegurar una Internet abierta, en la que haya condiciones igualitarias para todos los consumidores mientras se evita que los prestadores de servicio de banda ancha favorezcan sus propios contenidos o los de las empresas que paguen un canon.

En todos los países de la UE se aplica la neutralidad de red, aunque existe un caso intermedio, el de Portugal, que se encuentra medio camino y que genera debate.

Un Internet cerrado es la versión opuesta, donde determinadas personas, gobiernos o grandes corporaciones favorecen ciertos usos, sea por los motivos que sea (dependerá de la normativa de cada país). Un Internet cerrado implica tener restricciones sobre los estándares web, ralentizar algunos servicios o aplicar filtros sobre contenidos.

Como ejemplo de un Internet cerrado, el paradigma indiscutible es el caso de China, pero no es el único. Por ejemplo, en 2016 en Marruecos múltiples proveedores de internet acordaron bloquear los servicios de llamadas online como Skype o WhatsApp. El objetivo era potenciar las llamadas telefónicas, pero debido a las protestas del público, la prohibición fue eliminada.

Otro ejemplo sucedió en 2005 en Canadá, donde la empresa de telecomunicaciones Telus bloqueó el acceso al sitio web del sindicato que convocaba a una huelga contra la firma. También existen ejemplos de censura gubernamental online por parte de Rusia.

Como punto intermedio, el sector más neutral defiende que en las redes puede ser necesario diferenciar el tráfico para priorizar las comunicaciones de los servicios de emergencias, la gestión de la propia red de las operadoras y el uso de servicios críticos como los de teleasistencia y otros.

En este sentido, las posiciones más neutrales o intermedias apuestan por un mínimo número de excepciones estrictamente limitadas, basadas en principios como los derechos humanos, y no en intereses comerciales. Se trata de priorizar, por ejemplo, los procesos médicos online (una operación dirigida por vídeo a distancia) frente a la descarga de una película.

En países como Portugal, por ejemplo, existe neutralidad de red (como no podía ser de otro modo, al pertenecer al paraguas de la UE y estar sujeto a su normativa), pero se ha creado un modelo intermedio según el cuál las compañías ofrecen la llamada ‘tarifa cero’ o ‘zero rating’, que consiste en dar gratis o a un coste muy reducido ciertos servicios incluidos en una tarifa. Por ejemplo, 10 M y WhatsApp ilimitado. De esta forma, existen paquetes específicos según los intereses del consumidor. Eso sí, ninguna empresa puede disminuir la conexión o bloquear el acceso a determinados servicios.

El resultado, sin embargo, es “dividir la red en paquetes”, como ha definido el parlamentario demócrata estadounidense Ro Khanna en un tuit que se hizo viral. Los defensores de la neutralidad suelen posicionarse en contra de fragmentar la red, debido a que, con ello, se fragmenta también el acceso a información y se limita la cultura, entre otras cosas.

En España comienzan a darse casos similares. Por ejemplo, Vodafone ha diseñado su Chat pass, que permite chatear, enviar y recibir notas de audio, fotos y vídeos con una serie de aplicaciones (WhatsApp, Line, Telegram, WeChat…) sin consumir datos de la tarifa.

El debate, en estos casos, se encuentra en si el hecho de que un servicio zero rating ofrezca un subconjunto del acceso pleno a Internet a quienes de otra manera no tendrían ningún acceso resulta mejor o peor que el hecho de que exista un daño potencial derivado de un limitado acceso a Internet. Este debate es particularmente importante en los países en desarrollo, donde se han planteado preocupaciones acerca de las posibles desventajas y consecuencias involuntarias de los servicios zero rating.

¿Qué consecuencias puede suponer el fin de la neutralidad de red?

Quienes se posicionan en contra del fin de la neutralidad de red hablan de distintos efectos negativos:

  • – Económicos, por abrir la posibilidad de que los proveedores de servicio ofrezcan menos opciones a las pequeñas empresas, con menor capacidad para competir, con lo que tendrían que conformarse con una velocidad más lenta.
  • – Sociales, por la fragmentación de Internet, que puede generar una visión limitada de la web y, por ende, del mundo si no se protege y se da prioridad a la cultura y al acceso a todo tipo de información divulgativa.
  • – Políticas, porque las compañías telefónicas ganan aún más poder, pudiendo limitar o bloquear el acceso a ciertos contenidos (por ejemplo, periodísticos) en función de sus intereses.
  • – Posible censura, como ya ocurre en China o Rusia, en función de los intereses gubernamentales o de ciertos lobbies con capacidad de presión.

El caso de Estados Unidos

En el caso de Estados Unidos, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) de ese país anunció la semana pasada la derogación total de las normas de neutralidad de Internet aprobadas por el gobierno de Barack Obama en 2015, normas que impedían que las compañías proveedoras cobraran tarifas adicionales por un acceso más rápido a ciertos contenidos en la red.

Con todo, las consecuencias de este paso son aún desconocidas. Todo dependerá de cómo actúen los operadores del mercado y con qué límites. Sí parece claro que las empresas que suministran el servicio tendrán la libertad de experimentar con nuevos precios, priorizar o bloquear contenido… Con ello, se podrá cobrar más a las empresas que están online, subiéndoles los precios si quieren tener un acceso más rápido a Internet.

Ello puede limitar las posibilidades de pequeños negocios, bloggers… acabando con la ‘democracia’ de la web, según la cual cualquiera tiene las mismas oportunidades de ser visto. Las empresas podrán, en definitiva, discriminar a qué usuarios le dan un mayor ancho de banda o a quiénes limitarán o cortarán los servicios.

Los servicios más populares podrían volverse más caros. Por ejemplo, un operador podría cobrar más a Netflix para que utilice Internet de mejor calidad para ofrecer sus servicios, por lo que Netflix necesitará repercutir ese precio en sus consumidores para mantenerlo. Se trata, igualmente, de una posibilidad: todo depende de cómo se utilice esta nueva vía que, para bien o para mal, rompe con el concepto de Internet tal y como lo conocemos.

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